martedì 18 dicembre 2012

Da "I Diari di Barcellona" (estate 2010): Il raffreddore

Qualche giorno fa, mentre andavo in bici, mi ha colta di sorpresa un temporale estivo. Un qualche folletto dei cieli deve essersi divertito a strizzare giù tutte le nuvole mentre io passavo sotto, un po' ridendo, un po' preoccupata, perché pioveva così forte che facevo fatica persino a tenere gli occhi aperti.

Così adesso sono raffreddata.

E quando sono raffreddata come adesso, è come se una pellicola trasparente mi separasse dal resto del mondo. Una pellicola di quelle che si usano per coprire l'anguria quando la apri e poi te ne resta metà, e la devi rimettere in frigo, e la copri perché lo strato superficiale non si secchi. A volte poi si secca lo stesso e allora, quando la tiri fuori dal frigo, con il coltello grande affilato ne tagli via un millimetro e mezzo, due al massimo. Mia madre lo faceva sempre, con una precisione da chirurgo: un taglio netto, con un unico movimento di mano. Commovente.
A me non succede quasi mai, perché da quando vivo da sola compro sempre metà anguria, così già che ci sono me la faccio aprire al momento e posso anche vedere se è buona. Ne compro solo metà perché dico, io da sola non la mangerò mica tutta, poi invece nel giro di due giorni la finisco.

Dunque, adesso c'è questa pellicola trasparente per alimenti tra me e il mondo.

Sono i momenti che preferisco. La lucidità mentale è ai minimi livelli. Metto su Joan Miquel Oliver e sono sicura di capire tutto, ma proprio tutto nel profondo, tutta la sua meravigliosa foresta di simboli. Non lo capisco a livello cosciente, è più che altro una percezione, una sensazione di freschetto sulla pelle, il brivido di una piuma bianca che scivola sul rosa delicato dell'interno del braccio.

E in questo fluttuare di sensi come potrei aver voglia di recriminare?
Abbandono le intenzioni recriminatorie e mi abbandono a mia volta, e ritorno al mio stato primordiale.
Penso in italiano.
Galleggio, sospesa nell'atmosfera parallela del raffreddore.

Non ci inganniamo: la vita è una corsa ad ostacoli senza interruzioni, e io non mi sento ancora allenata a dovere. Che fatica. Ci sono milioni, milioni di cose che non vanno, che mi fanno arrabbiare, che vorrei ma non posso cambiare.

Per fortuna che, di tanto in tanto, interviene il raffreddore e mi rimette in pace col mondo.



Soundtrack: Joan Miquel Oliver, Ryanair



martedì 9 ottobre 2012

Los Adioses.

Cuando el verano del año pasado tuve que regalar mi bicicleta, me prometí a mi misma: le voy a dedicar un post. Pero luego no se me ocurría nada bastante bonito, bastante nostálgico y bastante divertido como para celebrarla, de repente me nacía alguna idea pero cuando la formulaba por escrito ya no me parecía lo suficientemente fuerte, en fin, que nunca lo hice.

Pasó lo mismo esta primavera, cuando me operé de los ojos y abandoné para siempre mis gafas en el fondo del cajón. Tampoco escribí nada.

Ahora voy a dejar mi querido piso, y "el barrio" ya no será mi barrio en un par de semanas nomás, y ya son tantos los adioses que tengo que dar, que se me acumulan las penas en el alma y van saliendo solas y se van acomodando en esta hoja de papel virtual, moviendo mis dedos sobre el teclado sin pasar antes por el control/censura de mi cerebro, míralas, ahí van escribiéndose a si mismas, sin saber muy bien ni ellas en qué forma se van a poner. Empecemos.

Gracias y adiós a ti, compañera, luchadora, bicicleta adorada que me has acompañado en todas las aventuras y desventuras de mis primeros cinco años y pico en Barcelona. Eras lo más guay que existe en este mundo.
¿Recuerdas las veces que te dejaba sola, atada en plaza Rejal pues volvía a casa ni siquiera sabía cómo ni con quién, y luego al día siguiente por la tarde tenía que estar reflexionando entre 3 y 25 minutos (dependiendo del estado) para recordarme dónde había sido la última vez que te había visto, y te volvía a buscar igual que vuelve un marido que se olvida a su mujer en la estación de servicio de la autopista, y tú ahí estabas, noble, digna, impecable, sin regañarme nunca, y volvías a concederme el honor de pedalearte hasta nuestro hogar? ¡Qué tiempos aquellos!

Y cuando volvíamos hasta el Guinardó después de que yo trabajara en el restaurante – y saliera de fiesta con los compañeros del restaurante- toda la noche, subiendo lentamente la ciudad mientras el sol nacía, a principios de verano, cuando hace fresquito todavía al amanecer pero ya se huele una esperanza de calor que está a punto de poseer el aire... ¿recuerdas?

Y cuando aquel día subí las Ramblas hasta Plaza Catalunya con Marcos, yo agarrándote de un lado del manillar y él del otro, las otras manos juntas encima de tu sillín... ¿recuerdas? Fue uno de los momentos más bonitos de mi vida. Y tú estabas ahí.

¿Y cuando corría del trabajo al Casal, y cuando corría de casa a clase de Foto, y cuando corría de clase de Foto a no sé dónde ya que siempre íbamos corriendo a todas partes, y aquella vez que tuvimos que dormir en la playa porque me había dejado las llaves de casa encerradas en el trabajo y te intentaron robar (y no lo consiguieron, por supuesto, ya que yo dormía como duermen los gatos, con un ojo abierto y vigilando), y aquella vez que nos atropelló una furgoneta y tú te quedaste toda torcida, que te tuve que llevar al taller, mientras yo milagrosamente no me hice ni un rasguño, y aquella vez que casi atropellé a un abuelo y para esquivarlo me tiré (nos tiré) de un lado de la calle, planeando en un vuelo que se parecía a algo entre un paso de break dance y una acrobacia del Cirque du Soleil...?

Y cuántas, cuántas cosas más podría seguir contando. Fue muy dura decisión, la que tomé, cuando te dejé en el taller de Alex el brasileño, el de al lado de Santa Caterina, el que ya en los últimos meses te veía más a menudo a ti que a sus novias, y que cada vez con el mismo cariño y la misma paciencia volvía a arreglar lo que algún maldito vándalo borracho que andaba por ahí te había desarreglado. Un año viviendo en la calle no lo soporta nadie, ni siquiera una guerrera como tú, especialmente si es una calle del Bronx de Barcelona.

Ahora voy en bicing - sobre el que no me voy a expresar ahora ya que merecería un post todo para si - algún día volveré seguramente a tener una bicicleta "mía", pero no cabe duda de que nunca ninguna (ni siquiera una Brompton blanca como la que me gustaba tanto) podrá llegar a ocupar tu sitio en mi corazón. Y aquí lo dejo porque me pongo demasiado triste.

Gracias y adiós, gafas, la verdad es que no os extraño para nada, pero fuisteis parte de mi durante muchos años y reconozco que os debería una despedida con algo de sentimiento, además que aún menos extraño a las lentillas, y de hecho está claro que nunca, ni bajo tortura, escribiré ningún gracias y ningún adiós con sentimiento para ellas.

Y pisito, pisito hermoso del que me enamoré nomás entrar y en el que he vivido feliz durante dos años y medio, ¡cuántas y cuán inenarrables cosas han pasado dentro de estos cuatro muros!
Las siestas en el sofá con la brisa que entraba por la puerta ventana abierta, las visitas de mis padres -madre cocinando y padre arreglando cosas todo el tiempo, que parecía que se las inventara con tanto de estar ocupado arreglando- los amigos que venían en el verano convirtiéndote en un hostal, la Sirena del sexo con sus noches de lujuria, Pantoufle y Léon que llegaron como dos bolitas asustadas y ahora son dos tigres impávidos, o aquella vez que... bueno esto no se puede contar, pero aquella otra vez que... ehm no, esto tampoco. Hein, Judith?! Ja!

Si hay que decir la verdad, no echaré de menos la bombona de gas que se acaba mientras me estoy duchando en enero, o subir las tres plantas cargada de bolsas del super más el saco de piedras de los gatos, o los timbres de todos los demás pisos que suenan en el mío (misterio aún sin resolver) o ser atracada en la puerta de casa, pero también digo la verdad cuando digo que aquí dentro dejaré un gran pedazo de mi vida.

Saldré entonces, a coger otro pedazo de vida nuevo que ahí está esperándome. Pero en alguna esquina de mi ser seguiré pensando en mi misma como en la chica que vive en el Born en aquel pisito de paredes amarillas, la de gafitas de pasta negras de cultureta, la que siempre va a todos lados con su vieja bici destruida.




Soundtrack: Ennio Morricone, Nuovo Cinema Paradiso


giovedì 27 settembre 2012

No te esperaba, pero ya que estás, pasa.




Así que ya estás aquí.

Te he sentido llegar, sabes. No es que me hiciera ilusión la idea, y la iba echando cada vez que brotaba en mis pensamientos. Fuera, fuera. Pero sabía que acabarías por ganar. Y desde luego te he sentido.

El día que empezó a oscurecer más pronto de lo que recordaba, te he sentido.
El día que me tocó la primera sandía medio mala comprada en el puesto de frutas de siempre en Santa Caterina, el de la señora linda que nunca me falla.
El día que entré a nadar a la piscina cubierta porque al aire libre tiraba vientecito.
El día que en el vestuario del gimnasio después de la ducha se me puso toda la piel de gallina.
El día que bajé al andén del metro y no tuve la sensación de sofocar.
El día que me acosté y me tuve que levantar a cerrar la ventana.
El día que apoyé la frazada de polar encima de la sábana, esa tan fea con dos caras de gato estampadas (pero que me la quiero mucho porque me la regaló mi madre y porque es suave y calentita).
El día que me fui de la playa porque ya no se estaba a gusto.
El día que me apeteció tomarme una infusión antes de dormir.
El día que ya dejé de poner el despertador a las 7:30 para ir a correr, porque me daba demasiada pereza.
El día que llegué en bicing al trabajo y no estaba sudada.
El día que -sin ni siquiera pararme demasiado a pensarlo- cogí volando mi chaqueta vaquera del armario antes de salir de casa.


Todas estas veces te he sentido y no he opuesto ninguna resistencia a tu llegada (sería inútil).
Y ahora que ya estás aquí, que anuncias tímidamente tu presencia, que aún me dejas la esperanza del último fin de semana en la playa (y de otro, y otro más), mírame: te voy a dejar entrar sin miedo.

Eres para mi el otoño del cambio, de todas las cosas nuevas que están por pasar. A ver si consigo que nos llevemos bien.
Lo voy a intentar. De momento, bienvenido.



Soundtrack: Maika Makovski, Cars that went by


(del balcón de mi casa - por poco tiempo aún - Carrer de la Cirera, el Born, Barcelona)



giovedì 6 settembre 2012

De cuando la realidad supera incluso la más atrevida de las imaginaciones.


Antes que todo respóndeme a esto: ¿Abrirías el portal de tu finca a un desconocido que por el interfono te suelta el rollo siguiente:

“Hola, soy amiga de vuestra vecina de arriba, que me dio las llaves para que le vaya a dar de comer a su gata mientras que ella está de vacaciones, pero resulta que las llaves no son las del piso, y total que no puedo dejar a la gata encerrada cinco días ya que le tengo que dar medicamentos porque está enferma, y bueno necesito llamar a un cerrajero para que me fuerce la cerradura, pero por lo menos quisiera que me abrieras la puerta de abajo...”

Tú, ¿abrirías?
Yo, no.

Pero no empecemos por esto, empecemos por donde hay que empezar: por el principio.

Hoy era un miércoles cualquiera, aunque en realidad si bien me lo pienso, es verdad que una ligera sensación de ansiedad estuvo dando vueltas alrededor mío todo el día, como un mosquito molesto en las noches de verano. Ahora entiendo que esto quería decir que algo tenía que pasar pero, hace unas horas, pensaba que era simplemente uno de mis momentos de cables-cruzados-sin-ninguna-razón.

Había quedado con Ale y Mandorlina para ir al club de Jazz del Taller de Musics a ver una Jam Session, todo eso después de pasar por casa de Judith a darle comida-agua-cariños-pastillita a Akira.
Judith se fue esta mañana a Cerdeña, y lo último que le escribí en Whatsapp fue: “¡Tú tranquila! Está en buenas manos”.

Cuando intenté abrir el portal de abajo sin conseguirlo, lo primero que pensé fue que Judith me había comentado que tenía truco. Pero cuando llevaba 15 minutos intentando, intuí que algo no funcionaba. 
No llevaba el móvil encima -por esto había quedado en la puerta del Jazz Sí alrededor de las siete y media, ocho menos cuarto- así que la única manera era esperarme un ratito a que alguien entrara o saliera para meterme. Y así fue casi enseguida, pero mientras subía las escaleras empecé a pensar: ¿Segundo o tercero? ¿Segundo segunda o segundo tercera? A ver, a ver, ¿dónde es que he entrado el millón de veces que he venido aquí? ¿Dónde es que entramos aquella vez que Judith me engañó para ir a los Encants y al final volvimos cargando entre las dos una caja de herramientas e-nor-me y pesadísima desde el mercado hasta aquí? ¿Tercero segunda o tercero tercera?

Y cual agente del FBI fui mirando las cerraduras de todos los potenciales pisos de Judith, con miedo a que alguien me viera y le entrara la sospecha de qué coño está haciendo esta tía en vestidito mirando cerraduras ajenas. Ninguna encajaba con el tipo de llave que tenía, excepto la del segundo tercera. Guao, demasiado facil, pensé. Pero intenté meterla, y no entraba. Alarma roja, amigo.

No había otra solución: volví a mi casa, llamé a Judith. Apagado. Llamé a Amagoia, intentando disimular los nervios expliqué la situación. Escuché la voz de Judith del otro lado, detrás de Amagoia, decir algo así como “pero si son las llaves de siempre, ¡se las di también a Fernando!” con el tono de quien quiere decir “a ver gilipollas, ¿te han enseñado alguna vez como se abre una puerta?”, entonces asumí que soy una gilipollas y me volví otra vez a intentarlo. Nada.

En la siguiente llamada que recibí de Judith, pidiéndome que le describiera la forma de las llaves, noté que su tono de voz estaba sensiblemente diferente. Estaba más bien en plan “oh-mierda, empiezo a sospechar que me he mandado la mayor cagada de mi vida”.
Y efectivamente.
Las llaves.
Que Judith me había dado.
No eran.
Las llaves.
De aquel.
Piso.

Ahora me estiraría demasiado si añadiera que mientras dejé que ella pensara en una solución tomé un bicing volando y alcancé -años más tarde- a Ale y Amandine en el Jazz Sí, que justamente al llegar ahí volví a hablar con Judith por teléfono y decidimos que lo mejor sería llamar a un cerrajero lo antes posible, que me volví volando en el mismo bicing, que de camino al barrio me crucé a Baptiste en su skate que hizo como que no me había visto (pero di media vuelta con la bici -again- y le seguí hasta que ya no tenía otro remedio que parar y hacer como que me acababa de ver), que mientras aparcaba el bicing me pregunté: ¿y ahora cómo cojones hago para que algún vecino se crea la historia y me abra?

Entonces, ahora volvamos a la pregunta de arriba.
¿Tú le abrirías a una desconocida que te cuenta todo esto?

Pues, Diva (diminutivo de un nombre larguísimo y complicadísimo que le pregunté varias veces sin lograr que se me guardara en el cerebro) me abrió.
Me abrió y bajó a ver quién era, me invitó a subir a su casa mientras que esperaba al cerrajero, a cenar con él y sus amigos (pero tenía el estómago tan cerrado que lo último que tenía era hambre), a tomar cerveza -no, gracias- ¿whiskey? -jajaja, no gracias, pero quizás un poquito de agua sí- ¿Agua? Mulher, não tein agua nissa casa, ¿zumo? -pues venga, va, me tomo un zumo.

Resulta que en casa de Diva estaban algunos amigos músicos, que se habían quedado a dormir después de una roda de Samba la noche anterior. También estaba Valeria, mulata colombiana hija de un guitarrista de Bossa Nova, que un día que vio a Diva tocar junto con Gil en el Parque de la Ciutadella, se acercó para escucharles y para cantar con ellos, y así se hicieron amigos.

Y ahí fue cuando llegó el cerrajero. Le tuve que confesar que no era verdad lo que le había contado por teléfono (que me había dejado las llaves de MI piso adentro - ¡es que no soy capaz de mentir! Y además cuando empezó a preguntarme como estaba hecho el picaporte por el lado interior, ya no sé de qué color me puse), le conté toda la historia, me dijo “a ver si le estoy abriendo la puerta ahora a una...” y no se animó a seguir porque como vio que estaba a punto de llorar de repente me creyó de la manera más absoluta (y es que esto funciona siempre con los hombres) y se puso manos a la obra para abrir aquella puerta, aunque fuera la última acción de su vida.

La abrió, entré, (le pagué al tío – uuuy Judith, ¡cuando veas esa factura que te dejé en la cocina!), Akirita estaba bien y cariñosa, hice todo lo que tenía que hacer y antes de volver a casa bajé a despedirme de mis salvadores y me quedé un rato charlando con ellos.

-Oye, me gustaría escucharte cantar, Valeria, yo adoro la Bossa Nova y me encanta cantar también...
-¿En serio? A veces nos encontramos aquí o en la playa para hacer un poco de musiquinha, venga, ¡nos damos los números y la próxima vez te vienes tú también!

Diva y los demás se iban a la Sala Monasterio para la noche de Forró, y a pesar que me habría parecido la conclusión más digna para un día como este, estaba demasiado cansada de demasiadas emociones como para seguirles en la noite Barcelobrasileira, y me retiré.

Y así es como pasó todo. Verdad verdadera.




Soundtrack: Águas de Março, Tom Jobim com Elis Regina





lunedì 27 agosto 2012

Post-Orgasmic Tristesse




È l'estate della moda del “Free Pussy Riot”.
Ma poi, qualcuno ha davvero mai ascoltato una canzone delle Pussy Riot? L'ennesima rivoluzione passeggera, e tra un mese queste Che Guevaras schitarranti saranno già a marcire nell'ultimo cassetto della memoria mondiale, come decine, centinaia di altri più o meno definibili prigionieri politici.

È l'estate successiva a quella del 15-M, l'estate che ne ha decretato il fallimento più eclatante. Adesso non è più in, il 15-M. Quella era la moda rivoluzionaria del 2011.

È l'estate dei culi tersi che campeggiano nei cartelloni delle vetrine delle farmacie, come l'estate scorsa e quella prossima, a pubblicizzare miracolose creme anticellulite. Perché senza cellulite saremo tutte più belle, e quindi (conseguenza logica, diretta e inconfutabile) più felici. Non fa una piega.

È l'estate della Spagna che brucia, dell'Europa che si sgretola, di Berlusconi che magari torna a candidarsi, di Assange nell'Ambasciata dell'Ecuador, degli Europei di calcio e delle Olimpiadi venuti come per miracolo a farci dimenticare che ce ne stiamo andando tutti affanculo. 

È l'estate dei festival uno dietro l'altro e delle mie amiche tutte incinte.

È l'estate del perdono. Ai miei nemici, a chi mi ha fatto del male: principalmente a me stessa.
È l'estate delle seconde possibilità. A chi non c'è stato, a chi voleva esserci ma non gliel'ho permesso, a Barcellona che in fondo non è poi così malaccio, a tutte le cose che sognavo di fare e che mi sono proibita. E ancora una volta: a me stessa.
È l'estate del concedere, del concedermi.

È l'estate della malinconia post-orgasmica, delle mutandine lasciate a casa e sotto-il-vestito-niente, del sì, no, forse, scherzavo, o no? ma poi chissenefrega, è l'estate in cui ancora non ho risolto niente ma magari non ho nemmeno niente di così urgente da risolvere, è l'estate del lasciare andare piuttosto che trattenere, dell'accettare piuttosto che allontanare, è l'estate del cambiamento, della riscoperta, del capitolo chiuso capitolo aperto, del fammi un po' vedere cosa c'è ancora di buono da assaggiare in questa vita.

È l'estate di stop, respira, guardati intorno con calma. Beh, non sarà perfetto, niente sarà mai perfetto, ma vedi? Non c'è male cazzo, rilassati: non c'è proprio niente male.




Soundtrack: Calexico, tutta la discografia


(Carrer dels Flassaders, el Born, Barcelona)


martedì 24 luglio 2012

Sirena del Sexo


No sé quién es ni sé bien donde vive, pero diría en el piso de enfrente, arriba. Mi vecina.

Cuántas veces me la habré cruzado por la calle, saliendo ella de su portal y entrando yo al mío, volviendo a casa cargada de bolsos del super, cuantas veces la habré mirado pasar, indiferente, sin saber yo que era ella. Mi vecina.
Mi vecina que es uno de mis ídolos. Mi vecina que no tiene un rostro.
Conozco solo su voz, o mejor dicho sus gemidos de placer.

Mi vecina aulla cual loba gris de las tundras de Alaska cuando hace el amor.

Empieza despacio, suave, dulce. Más bien como un niño lloriqueando, como un gatito recién nacido. De a poco la intensidad crece, su voz se hace más profunda, el ritmo de sus suspiros más rápido. Hasta reventar en un grito de placer animal, que se queda suspendido en el vacío de la noche por unos segundos, antes de placarse, y dejarse caer a la calma. A la paz. (Que dura unos pocos minutos nomás).

Yo sufro de insomnio.

Sufro de insomnio porque mi cabeza enferma me domina y no me deja descansar. Sufro de insomnio en las cuatro temporadas del año. En verano también, y en verano sufro de insomnio y además tengo las ventanas abiertas.

Entonces es cuando escucho la voz de mi vecina que hace el amor. Su voz llega a buscarme como el canto de una sirena, y yo al otro lado de la calle, en mi barquito solitario amarrada a la noche húmeda, que no puedo dormir y me imagino lo fuerte que podría llegar a ser si tuviera los ovarios de asomarme y preguntarle “Oye, ¿puedo ir yo también?”

Me gusta mi vecina, me cae bien. En una callejita del Bronx (ejem, Born) en la que lo más normal es tener que soportar a una familia de catetos que le dan a la trompeta de estadio cada vez que el Barça juega un partido, aunque sea amistoso, o a post-adolescentes franceses de vacaciones que se montan raves locas en un piso de 25 metros cuadrados, la voz de una mujer que goza del sexo sin vergüenza ni miedo me parece un milagro, un homenaje a la vida de lo más alegre que se pueda escuchar.

Anoche, durante la performance sexual número dos escuché como mi vecina y su muda pareja (nunca se le oye a él. ¿A él? ¿A ella? ¿Habrá alguien más o estamos asistiendo a un caso de autoerotismo muy bien logrado?) salieron a la ventana. Imposible describir lo que me costó quedarme inmóvil y no salir a mi vez, para ver por fin la cara y el cuerpo que tanta admiración me suscita. Pero defendí su privacidad (si es que a una pareja que se asoma a follar por la ventana le importa algo de la privacidad) y me quedé ahí donde estaba. Pensando.

Pensando en que muy raramente coincido con mi vecina en mis encuentros sexuales. Qué pena, porque - es verdad, yo no soy tan, digamos, expresiva en manifestar mi placer, pero me haría gracia instaurar una competición una vez, a ver a quién grita más. A ver si logramos despertar a todo el barrio. Al final nos asomaríamos las dos por nuestras respectivas ventanas y nos chocaríamos un cinco, como hacían los tíos guays en las series televisivas yankees de los años ochenta.

Y a la vez que yo pensaba en esto y me reía al imaginarlo, oí desde diferentes puntos de la calle dos o tres voces de mujeres rabiando, sssshhhh, cállate ya, joder, ¡muerde la almohada!, y me las figuré, mujeres frustradas, agrias, secas, aburridas, sin sentido del humor, mujeres malfolladas (y se me escapó una sonrisa en fijarme que una de aquellas voces llegaba del piso de los vecinos de la trompeta de estadio) mujeres llenas de envidia, que duermen en bata y sin depilar, mientras sus maridos se giran del otro lado de la cama para disimular la erección que la voz de la sirena gozadora les ha provocado.

Y entre medio de estas voces repelentes, yo también me giré del otro lado de la cama y solté mi mensaje secreto y callado para mi vecina: AUPA sirena del sexo, adelante: ¡disfruta! ¡Qué la vida son dos días!

lunedì 19 marzo 2012

From Above




And then one day I realized
that the solution is simply trying
to look at things from a different perspective.


("isn't it good to be lost in the wood?")


Soundtrack: Syd Barrett, Octopus



(Mercat de Santa Caterina, Barcelona)

mercoledì 14 marzo 2012

già Vera, Prima che arrivi




Non sei ancora arrivata
ma già t'annuso.
Ti nascondi sotto un lenzuolo di sere fredde,
trasparenti di pungiglioni.
Eppure ci sei. Mai come stavolta ti avevo attesa
desiderata fino a perdere la ragione
Ed eccoti scivolare veloce nel vento
La vita ritorna a germogliare, e al posto del vuoto ghiacciato che coltivavo dentro il mio stomaco
ora, senza dubbio! riesco a sentire
il tepore commovente
della mano di mia madre.

...

"Ho superato anche l'inverno
Ed ho cantato.
E non sono per niente stanca."


Soundtrack: Carmen Consoli, Per Niente Stanca



Plaça del Mar, Barceloneta



lunedì 5 marzo 2012

Requiem for a Candado



Agarrado bien fuerte a la mochila que llevaba en mis hombros, ha viajado por tierras lejanas y desconocidas.

Mi candado.
Pocos candados podrán contar
que han llegado a ver las Torres del Paine en un espléndido día de sol, a sentir las vibraciones de las piedras en el Machu Picchu,
a reflejarse en las aguas de colores de las lagunas de Bolivia
que conocen las villas de Buenos Aires y las favelas de Rio
y los parajes incontaminados de Cabo Polonio.

Él vivió estas y miles experiencias más, siempre con humildad y alegría
y tras superar todo tipo de aventura se fue hoy, de repente, dejándome desconcertada y llena de conmoción y preguntas sin resolver,
en el vestuario femenino del gimnasio del Club Natació Atlètic-Barceloneta
a las horas 20:04
despiadadamente despedazado por una tenaza del personal de mantenimiento
bajo mi mirada desconsolada e impotente.

Gracias por todo candado, te echaré de menos.
eras un buen candado. Un candado honesto, simple, sin aires de superioridad
cumplías con tu trabajo de la manera más noble y natural.
un candado de pocas palabras
pero capaz de hechos contundentes.

No sé si algún día llegaré a perdonarme
por haber dejado tus llavitas dentro del bolsillo
de la mochila
que estaba dentro del armarito

que cerré
en un click de candado perfecto,
milimétrico, mortal.



martedì 7 febbraio 2012

Too cold a sky




The sky is too cold and big tonight
too empty
to walk alone along the seashore.

("Ormai siamo soli nel mezzo del mondo")



Soundtrack: Luigi Tenco, Quello che conta


(Platja de Sant Sebastià, Barcelona)



domenica 29 gennaio 2012

Neve




Vergine silenziosa,
scende
a passo di danza.
S'appoggia appena
e senza fretta ricopre il ramo
dell'albero spoglio, il campo bruciato, la terra
macchiata di sangue
l'asfalto caldo di pneumatici appena passati.

Ignorante: ignara,
stende il suo manto democratico sul tetto del meschino,
dell'uomo di buon cuore, di quello che tutto ha perso.

Ecco che il mondo appare sospeso in un susseguirsi irreale
di immagini incerte, appese ai fili della notte come panni stesi che ondeggiano al vento
E io inizio a dubitare perfino
della mia stessa esistenza.



(Via Roma, Castronno, Varese)

lunedì 9 gennaio 2012

Si no sabes lo que es, entonces es Jazz.



Como Ulises atraído sin remedio por las Sirenas
sin dudarlo un segundo he seguido
un sonido inclasificable que me llamaba desde lejos
sin taparme los oídos, jamás,
porque a veces me pregunto:
¿Qué sería de mi si no existiera la música?

Y así será por lo menos hasta que consiga atrapar en una imagen
el dulce susurro
el llanto melancólico
la risa chamullera
de una trompeta.


Sountrack: un poco de buen Jazz callejero




(Mercat de Santa Caterina, la Ribera, Barcelona)



giovedì 5 gennaio 2012

Chiusura in grande stile




Una questione di pochi minuti, il passaggio del testimone
tra il pomeriggio e la sera.
Era giorno, sarà notte: nel mezzo 
una danza di colori ad olio 
che si mescolano e si fondono tra filamenti di nuvola.

Io piccola e mortale, qui sotto, ringrazio
per essermi ritrovata per caso ad assistere 
alla magia.


Soundtrack: Maïa Vidal, I'll sail all night


(Carrer de Ferran, Barri Gòtic, Barcelona)